La escasez de precipitaciones importantes que sufre Catalunya desde el verano de 2006 ha llevado a la Generalitat de Catalunya ha afirmar que estamos ante una de las peores sequías vividas desde los años 1944 y 1955. Actualmente las reservas de agua en esta comunidad están en el 21,5%. Una inquietante cifra que ha llevado a la consejería de Medio Ambiente de la Generalitat a alertar a la población de que, si la reserva desciende al 20%, se entrará en el Estado de Emergencia y no quedará otra opción que adoptar medidas nuevas que garanticen el uso del agua a la población. Con unas previsiones metereológicas nada halagüeñas, crece la posibilidad de los cortes de suministro de agua domiciliarios. No obstante, esta medida ha sido descartada, de momento, por la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, y la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, conscientes de la importancia que supone para la población la garantía total de suministro de agua para uso humano. Otra las consecuencias derivadas de la crisis ha sido la tensión territorial que algunas provincias catalanas han mantenido por el control de los recursos. Así, mientras Girona veía con recelo compartir el agua del Ter con Barcelona, los regantes del delta del Ebro consideran injusto que Tarragona venda agua de pozos a Barcelona en barco sin que ellos vean un duro. Todos luchan por repartirse un bien que en las agendas políticas se ha vuelto prioritario.
Laura Gamundí, periodista