Desde el reciente fallecimiento de Steve Jobs, se viene hablando repetidamente de la importancia de la innovación y de cómo el fundador de Apple basó en ella toda su carrera, su desarrollo profesional y el crecimiento de su proyecto empresarial. Asimismo, también se ha hablado de las diferencias entre inteligencia, ingenio y genialidad. Sin embargo, no se ha hablado aún demasiado de cómo se hace posible la innovación; qué circunstancias son necesarias para que esta surja y para que se desarrolle.
Sin duda, hay cualidades innatas en algunas personas, que les hacen más propensas a la imaginación y a la creatividad, bases de la innovación. Pero estas son facultades que pueden desarrollarse y potenciarse, si se utiliza el método adecuado y se disponen las condiciones necesarias.
Volviendo al ejemplo de Steve Jobs, aunque se le considere popularmente un genio, no contaba con un coeficiente intelectual especialmente destacado, y al igual que otros precursores tecnológicos o científicos como Einstein, no fue especialmente notable en su carrera académica. Lo que le diferenció de otros con mayor inteligencia, fue más bien su ingenio, como apunta su biógrafo en un artículo recientemente publicado. Y su ingenio, provenía a su vez de su capacidad de imaginación y su tendencia a valorar la intuición, una cualidad poco apreciada y cultivada en occidente, pero sí en oriente, de dónde Jobs sacó algunas de sus formas de ser y estar.
En definitiva, Jobs optó por un cambio de paradigma en su propia forma de aprender y de actuar, lo que le permitió avanzar de otra forma a como lo hacían los demás. Sin embargo, nada de todo eso hubiera sido posible si no se hubiera tomado su tiempo para hacerlo, ni hubiera buscado los espacios adecuados donde gestar sus ideas y madurarlas.
De la misma forma, en la Educación, debemos ofrecer a nuestros alumnos los espacios y tiempos adecuados para que desarrollen su imaginación y esta les abra a la creatividad, base de la innovación. No es una propuesta lanzada al aire, es ya una necesidad, ya que los nuevos tiempos requerirán, no sólo conocimientos, sino capacidad de análisis y de reacción, como ya comentábamos hace unos días. Finalmente, los propios docentes, deberán, cada vez más, ser capaces de ser también innovadores en su forma de enseñar y formar a sus alumnos.
¿Encontraremos, entre todos el lugar y el momento para hacerlo?