La llegada de las notas no es siempre un buen momento, ni para el alumno ni para sus padres. Y es que, en ocasiones, «vemos suspensos»… Pero no debe cundir la alarma, nadie es perfecto y es normal fallar algunas veces, o con determinadas materias de estudio. Lo importante, ante la llegada de una o varias malas notas es adoptar una actitud positiva y analizar la situación para encontrar las mejores soluciones.
Esto, que parece una cuestión sencilla a priori, suele resolverse a veces con respuestas rápidas y poco meditadas del tipo «no estudias nada», «no te esfuerzas», o peor aún, «eres un zote» o «no vales nada». Obviamente, ninguna de estas respuestas es correcta, incluso aunque a veces encierren parte de verdad. Pero «la verdad más verdadera» es que detrás de un suspenso se esconden cuestiones mucho más profundas. Para averiguarlas debemos plantear y plantearnos las siguientes preguntas:

  • ¿Te interesa realmente lo que estudias? Detrás de un suspenso, a menudo hay falta de interés por una materia, sea porque no se entiende, porque el método de enseñanza no es motivador o porque el alumno no entiende la utilidad de la misma. Es necesario ahondar en sus intereses y motivaciones para hacerle ver que las asignaturas y temas de estudio siempre son un puente para la consecución de otros objetivos, a corto, medio y largo plazo, y el más importante de todos es que al final nos dará la llave para ganarnos la vida haciendo lo que más nos guste. En ese sentido es clave analizar los gustos y las habilidades de cada uno y descubrir o desvelarle sus vocaciones ocultas.
  • ¿Hay algo que no entiendas? También con frecuencia, hay falta de comprensión, sea por la complejidad de la asignatura, por falta de interés como hemos señalado, o por carencias arrastradas de cursos anteriores. Aunque los alumnos no son propensos a admitir dificultad de comprensión, algunos ejercicios o deberes nos ayudarán a detectarla. Si esta fuera una de las causas, conviene recurrir a un profesional para reforzar esos conocimientos y recuperar lo perdido; también este tipo de refuerzo, vía profesor particular, serán útiles para mejorar las técnicas de estudio, que a menudo son el meollo de la cuestión. En cualquier caso, recurrir a un externo especializado como un profesor a domicilio suele ser más eficaz que el puro empeño, que sólo alargará el problema;
  • ¿Necesitas que te ayude? En los últimos años, y aunque oficialmente se han retirado los deberes en algunos planes de estudio, es frecuente observar que los padres no sólo ayudan a sus hijos a hacer los deberes, sino que, directamente, se los hacen… Pese a lo que se piensa, y sobre todo lo que se siente (el miedo al fracaso de tus hijos) esto no es una ayuda sino todo lo contrario. No se trata de hacer los deberes por tus hijos, sino de ayudarle a hacerse las preguntas adecuadas para encontrar él solo las respuestas: darle la caña para pescar, no el pescado… También en ese sentido, los progenitores no siempre podrán, por falta de tiempo, métodos y sobre todo por el vínculo emocional, ayudar correctamente a sus hijos. De ahí que, de nuevo pueda ser útil consultar a un profesor particular que mejore la metodología y acompañe al niño o adolescente en la resolución de sus tareas escolares;
  • ¿Hay algo que te preocupa? A determinadas edades, sobre todo en la adolescencia, los estudios suelen pasar a un plano lejano entre los intereses del alumno, que con la pubertad ha descubierto mundos mucho más atractivospara él o ella desde el punto de vista humano y social. No se trata de que no pueda acceder a esos reclamos ya que eso le impediría madurar psicológicamente, pero sí hacerle ver que hay que separar las necesidades íntimas como la amistad o la pandilla, de las obligaciones para con su propio futuro, como son los estudios. Equilibrar ambas facetas reforzará su autoestima y le ayudará en ambos planos. No hay que descartar problemas más graves como el bullying, para lo cual se habrá de estar atentos a actitudes más significativas como la falta de apetito, la apatía, la falta de sueño o indicios de depresión. Si se dieran, obviamente, conviene hablar directamente con los profesionales del centro escolar para despejar dudas o solucionarlo.
  • ¿Hablamos lo suficiente? Esta pregunta es reflexiva y se la deben hacer los propios padres. A veces, una caída en las calificaciones denota falta de atención por parte de los progenitores. Educar no es sólo dar un sustento económico a nuestros hijos sino escucharles, ser corresponsables con su actitud, generosos cuando lo merecen y estrictos cuando es la situación la que lo exige. Hablar, escuchar, dialogar, compartir y responder.
  • ¿Te sientes seguro? Obviamente los periodos de infancia y adolescencia están llenos de dudas, por lo que es difícil que una persona a esas edades se sienta realmente segura de sí misma, incluso aunque lo aparente. En apenas unos años, la persona cambia física y psicológicamente a toda velocidad y eso impide mantener una seguridad firme y a prueba de bombas. Por eso, los entornos social y familiar son los que actúan activa o pasivamente en la evolución de esa seguridad. Dialogar como hemos dicho, pero también dar responsabilidades a nuestros hijos, influirá positivamente en ese sentido. De paso, nos dará la oportunidad de descubrir mejor sus habilidades y por ende, su vocación. Finalmente, será útil para que el niño o adolescente se haga corresponsable de sus actos, algo que le será imprescindible para hacerse valer en el futuro, tanto el trabajo como en otros entornos.

En el fondo, todo es una cuestión de sentido común, el menos común de los sentidos. Pero también se trata de no culpar ni autoinculparse por cuestiones que, como el suspenso, pueden resolverse con un correcto análisis de la situación y medidas acordes.