Cubrir el recorrido Barcelona-Madrid es cuestión de unas pocas horas, pero si decides hacerlo sobre un pequeño escúter de 125 cc… la cosa cambia. Y si además optas por utilizar carreteras secundarias y no pasar de 80 km/h, entonces el viaje se convierte en una pequeña aventura quijotesca. Como decía el ingenioso hidalgo: “Ancha es Castilla…”

Texto: A. Vázquez
Fotos: D. Fernández

Incluso en peleno siglo XXI hay muchas maneras de iniciar una andadura caballeresca, pero en la que os proponemos no hay más molinos que las plantas eólicas, ni más posadas que los paradores y hostales. Nuestro ‘Rocinante’ no cabalga sobre herraduras, sino sobre dos ruedas. Eso sí: este viaje que ahora emprendemos es casi tan quijotesco como el que imaginó Cervantes. ¿Os apuntáis?

A Madrid… a 37 km/h
Ahora que el AVE une las dos grandes ciudades a 300 km/h, nosotros hemos escogido una velocidad punta un poco más modesta: 80 km/h. En realidad no dejamos de hacer paradas para visitar pequeños pueblos perdidos, así que, si hacemos cálculos, la velocidad real es de… 37 km/h. Todo nuestro equipaje es una pequeña mochila, una cámara y un cuaderno de notas.
Viajar de esta manera es una gran terapia antiestrés: ¡tardaremos dos días en llegar a Madrid! A cambio, podremos saborear todo lo que el avión y la alta velocidad nos ocultan: desde una visita vespertina al monasterio de Sigena hasta una impresionante puesta de sol en mitad de los Monegros. De este primer tramo me quedo con dos cosas: la primera, descubrir sin prisas la estampa de los pueblos monegrinos al anochecer (Sariñena, Lanaja, Perdiguera y tantos otros). La segunda, esa gran costumbre española de sentarse en una silla en la puerta de casa a dejar pasar las horas…

De don Quijote… a Cela
Nuestro viaje tenía un referente literario en Cervantes, pero mientras pasamos por la comarca de la Alcarria, en Guadalajara, desempolvamos los libros de otro ‘don’: Camilo José Cela. Con él como ‘guía’, recorremos las calles de Brihuega, que vive con alegría sus fiestas veraniegas, y de otros pequeños pueblos, como Cifuentes o Torija. Está claro que ninguno de ellos son ahora lo que fueron, pero la gran mayoría conserva su encanto. Tienen en común un valioso activo: no son destinos masivos de vacaciones, y por eso conservan intacto su poder de seducción.

Por la España de la ‘Baja Velocidad’
Sin duda, una de las cosas más apasionantes de un viaje como éste es poder descubrir pequeños pueblos y aldeas que, paradójicamente, no están tan alejados del trazado de la Alta Velocidad. Y, sin embargo, para muchos permanecen en el anonimato. Por eso mismo nosotros accedemos a ellos lentamente, sin ninguna prisa, por carreteras estrechas y sinuosas escondidas entre campos de trigo. Así es como conocemos las villas de Yelo (Soria), Anchuela del Campo, Mazarete, Saélices de la Sal o Milmarcos (Guadalajara), Fuendetodos (Zaragoza), Vallfogona de Riucorb (Tarragona) y un larguísimo etcétera.
Este viaje en moto es una de las muchísimas maneras de recorrer estos lugares semiescondidos. Seguro que encontraréis una opción a vuestra medida. Eso sí, aceptad este consejo: al menos por unos días… ¡olvidaos de la Alta Velocidad!