Desde que se popularizara Internet a principios de la pasada década, cada año, ante la celebración del día de internet, se ha especulado sobre lo mucho que nos queda para sacarle el máximo rendimiento a la red de redes. Esta realidad no es menos aplicable a la Educación que a otros disciplinas, y de hecho, las posibilidades que Internet ofrece en el terreno pedagógico y educativo están lejos de ser explotadas en toda su medida.
Es más, nos atrevemos a decir que si se aprovechara todo el potencial que posee Internet en el desarrollo de la actividad docente y educativa, se produciría una auténtica revolución en este área. Vayan por delante algunas razones:

  • Máxima disposición y acceso a la información: la red de redes es la biblioteca soñada por clásicos e ilustrados, un maremagnum de datos al acceso de cualquiera. Esta realidad debería modificar la función del docente, que no puede seguir siendo un proveedor de información y deberá centrarse en ayudar a sus alumnos a saber buscar y encontrar; enseñarle a diferenciar el grano de la paja; mostrarle cómo interpretar la información y cómo procesarla para distintos usos. A su vez, la red es una fuente inagotable de recursos para el profesor, que más que nunca debe seguir formándose día a día para poder aprovechar este medio.
  • Uso de nuevos medios de comunicación: Internet ha abierto un nuevo mundo a la comunicación interpersonal, desde el email y los chats, pasando por los blogs y webs y acabando en las redes sociales, de nuevo son infinitas las posibilidades que ofrece para el diálogo y el intercambio de información. Aprovechar estos medios significa, al igual que con el acceso a la información, trasladar la clase más allá de las paredes del aula, ampliando los sentidos de la comunicación: bidireccional, personalizada y ágil. Muestra de ello es la proliferación de blogs creados por profesores para ayudar y comunicarse con sus alumnos; redes sociales especializadas; intranets de centros escolares, etc.

El acceso a la información y los nuevos medios han tenido y tendrán con toda seguridad consecuencias en distintos planos como el proceso de enseñanza, pero también la relación profesor-alumno, la metodología y hasta la propia estructura del pensamiento, ya que:

  • La clave es la interpretación: lo importante ya no es poseer la información, disponible desde cualquier punto del planeta a cualquier hora del día o la noche, sino saber interpretarla y en definitiva, saber qué hacer con ella. Será necesario enseñar a los alumnos a conectar ideas y ser creativos a la hora de encontrar soluciones a problemas clásicos.
  • Cambia la metodología: con internet llamando a la puerta es inconcebible que sigamos concibiendo la educación sólo en cubículos o clases. Las aulas siempre serán necesarias como herramienta de socialización y crecimiento personal y psicológico de los alumnos. Pero no pueden ser el único lugar desde el cual enseñar y formar. La tecnología permite avanzar en la metodología abriendo la puerta a nuevas formas de enseñar más allá del aula, sea con juegos y ejercicios online, vídeos interactivos o presentaciones digitales abiertas a comentarios y dudas, por ejemplo.
  • Se reestructura el pensamiento: los nativos digitales nos están mostrando que la tecnología no sólo es una herramienta sino un auténtico medio, un espejo virtual del medio físico al que estamos acostumbrados. Por ese motivo, internet está estructurando el pensamiento de los más jóvenes de un modo que no alcanzamos a entender quienes nacimos y pasamos por el colegio, el instituto y la universidad antes de su surgimiento. Los alumnos de hoy son más sensibles al estímulo y han aprendido a trabajar en modo multitarea, atendiendo a distintas cuestiones a la vez o cambiando de forma ágil de una función a otra; su sentido de la comunicación es menos profundo pero más instantáneo y probablemente intuitivo; internet, finalmente, les ha lanzado y a la par reunido en lo global, muy lejos del punto de vista local de sus padres y abuelos. Todo ello configura nuevos modos de asimilar la información, procesarla, razonar y crear. El reto de los docentes es aprovechar y canalizar esa nueva estructura del pensamiento para que sirva al desarrollo individual y grupal de sus alumnos.

Y ahora ¿estamos preparados?

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