De todos los factores que posibilitan y empujan a la acción el más importante es la pasión: esa mezcla de voluntad y creencia íntima que nos da la confianza para emprender algo. Del mismo modo, la mejor forma de aprender es tener pasión por aquello que se está aprendiendo. Como por arte de magia, pasaremos entonces a aprender con pasión, que es, definitivamente, la mejor forma de asimilar conocimientos, desarrollar nuevas capacidades y abrirse a seguir aprendiendo.
De ahí, que, como decía recientemente Howard Gardner, premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales 2011, sea importantísimo detectar qué le apasiona a un estudiante, para saber de antemano en qué disciplina o área de conocimiento destacará y a la par, será más feliz, si es que alguna vez lo uno puede ir separado de lo otro… En una entrevista publicada recientemente por el diario ABC, Gardner contestaba a la pregunta sobre qué aconsejaría a los padres para potenciar la inteligencia de sus hijos, que les prestaran «mucha atención» y averiguaran «qué es lo que les interesa y les apasiona sin proyectar en ellos sus (las de los padres) prioridades, pasiones ni debilidades».
Pero esta no es la única recomendación de Gardner, no en vano profesor de la prestigiosa Universidad de Harvard. Así, sobre la Educación advierte que no depende sólo de la escuela, sino también de la familia, los medios de comunicación y el entorno social; sobre los profesores, recomienda que además de ser verdaderos profesionales, tengan vocación de formar y enseñar, para así ganarse el estatus y ser respetados. Finalmente, al preguntarle sobre el fracaso escolar, Gardner es crítico con el sistema, apunta a la imperiosa necesidad de poner a la Educación entre las prioridades políticas y recalca lo que otros muchos expertos ya han resaltado a su vez: «no sirve de nada hacer que los estudiantes memoricen las cosas si todo está aquí (saca un smartphone del bolsillo). Vamos a enseñarles cómo utilizar las fuentes de información y también a cuestionarlas«.
Y es que Gardner es el propulsor de teorías que podrían ayudar a replantear el sistema educativo y la forma de enseñar. De hecho, su teoría de las 8 inteligencias, es la que empujó al jurado de los Premios Príncipe de Asturias, a concederle dicho galardón. Gardner reconoce no sólo habilidades reconocidas ya por el sistema académico, sino también capacidades tradicionalmente ignoradas por la Educación. Es decir, entre las inteligencias clasificadas por Gardner, se encuentran la lingüística, la lógico-matemática, la visual-espacial (dibujar, interpretar un mapa), la musical y la corporal (danza, deportes), que se corresponden con las áreas de conocimiento de las cuales derivan las enseñanzas académicas. Pero también reconoce otras como la intrapersonal (conocimiento de uno mismo), la interpersonal (conocimiento de los demás) y la naturalista (observación y clasificación de las cosas).
Estas últimas, son las que permitirán un mayor autoconocimiento, y por tanto una mayor intuición a la hora de reconocer aquello en lo que un alumno puede destacar, le apasiona y le hará más feliz. Además, al aportar habilidades sociales, mostrará nuevos caminos para enfrentarse a un futuro que cambia a una velocidad vertiginosa y en la que, cada vez más, dependeremos los unos de los otros.