A menudo, cuando no quieren estudiar o ir al colegio, nuestros pequeños sueltan aquello de «¿y para qué sirve la escuela?». En ese momento solo suena a excusa, pero la pregunta, y la actitud, arrastran en el fondo un mensaje mucho más profundo que el aparente. Visto el panorama de malos resultados de nuestra educación en los informes PISA y la baja inserción laboral entre jóvenes, la pregunta alcanza un sentido aún más trascendente y realista.
Sea como fuere, lo cierto es que son muchos los docentes, padres y madres, pero también expertos educativos y pedagogos, que opinan que el modo de enseñar y de plantear la enseñanza deben cambiar. En el fondo, esencialmente, seguimos manteniendo esquemas de mediados del siglo pasado, en algunos casos anteriores, para formar a las nuevas generaciones y prepararles para afrontar dignamente un presente y un futuro que se parecen poco al siglo XX y nada al XIX.
La irrupción de las tecnologías y la globalización configuran un mundo en constante cambio: por eso ahora lo importante no son los conocimientos, o la información, que sobre abunda. Justamente, por esas circunstancias, lo importante ahora es dotar a las personas de habilidades para encontrar la información entre la maraña de datos, entenderla, encontrarle utilidad para cubrir necesidades y afrontar retos utilizándola. ¿Es posible cumplir estos objetivos con el modelo actual? Son muchos los que creen que no. Además, los informes y estudios sobre rendimiento escolar indican que los alumnos encuentran cada vez menos atractivo el colegio: por una parte porque este está cada vez más alejado de la realidad y por otra por la forma en que se transmite en él el conocimiento (impartiendo en lugar de compartiendo).
Algunos expertos opinan que no se ha prestado suficiente atención a las nuevas tecnologías como medio para paliar las carencias actuales de la escuela. Las nuevas tecnologías son ya inseparables de nuestro día a día y han marcado también el desarrollo social y económico. Por ello, deberían formar parte intrínseca de la enseñanza: como medio, pero también como filosofía, según ellos.
El uso de las nuevas tecnologías renovaría el interés de los alumnos que han adquirido innatamente las habilidades para su comprensión y manejo, no en vano se les llama nativos tecnológicos. Además de ello, las nuevas tecnologías habilitan a las personas para adaptarse a los cambios y a estar preparados para los mismos, algo mucho más trascendente de lo que parece. Esta habilidad les permitirá no sólo superar las innovaciones tecnológicas sino cualquier otro tipo de innovación o cambio. La idea se acerca a lo que algunos expertos como Curtis Johnson han venido en denominar «innovación disruptiva», el cambio de paradigmas y su aplicación práctica.
Las nuevas tecnologías crecen además en entornos colaborativos y constructivos, que como ha demostrado Noruega, se demuestran mucho más instructivos y pedagógicos que los individualistas o competitivos. Es la llamada filosofía de «compartir», tan popularizada por internet, las redes p2p y las redes sociales.
Dotar de habilidades, capacitar, orientar, dialogar, compartir. Son conceptos del siglo XXI que aún no han calado suficientemente en la Escuela ¿a qué esperamos para hacerlo?