La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), junto con la Federación de APAS de Cataluña (FAPAC), presentaron a principios de mes el acto de apertura de la segunda escuela de verano de CEAPA en Barcelona.

Nuria Vázquez, periodista

Los niños de toda España tienen buenos representantes. Durante cuatro días, las asociaciones de madres y padres CEAPA y FAPAC se han reunido en El Prat del Llobregat (Barcelona) para llevar a cabo su escuela de verano, que este año se celebra bajo el lema “Recursos para acercar la escuela al territorio: deporte, planes de entorno y comunidades de aprendizaje”.

El acto de apertura se celebró en el Salón de Crónicas del Ayuntamiento de Barcelona, una sala que no tardó en llenarse hasta los topes de padres, madres, profesores y organizadores del evento. La mesa estaba presidida por el consejero de Educación de la Generalitat de Cataluña, Ernest Maragall, y le acompañaban Montserrat Ballarín, concejala de Educación del Ayuntamiento de Barcelona; Carme García, diputada de Educación de la Diputación de Barcelona; Walter García Fontes, presidente de FAPAC; Fernando Martín, vicepresidente de CEAPA; y Juan Manuel del Pozo, doctor en Filosofía y catedrático de la Universidad de Girona.

El objetivo principal del encuentro: dar medios a las familias para la educación de los hijos y aproximar la escuela al entorno y el entorno a la escuela. Montserrat Ballarín destacó la importancia de este segundo punto, con el que se debe llegar “a una ciudad consciente de que todos sus recursos y equipamientos son capaces de transmitir enseñanzas y valores, y por ello tienen que convertirse en actividades educativas para todos sus ciudadanos”. Tomando la ciudad condal como modelo educativo, subrayó la importancia del papel de la sociedad a la hora de alcanzar este objetivo y añadió que la educación no sólo depende de la escuela, sino también de los padres, a quienes definió como “agentes educativos fundamentales”.

Un lugar de intercambio
Tal y como destacó Fernando Martín, la escuela de verano persigue fomentar el aprendizaje, aumentar la participación y mejorarla en un espacio de intercambio para aproximar centro y entorno. Asimismo, definió los centros educativos como “lugares que se nutren de la propia ciudadanía y es en esos lugares donde tenemos que hacer que mejore la ciudadanía”. Para ello, dos ejes son básicos: el primero, que la escuela adopte un nuevo papel más cercano, donde no sólo enriquece, sino también se enriquece. El segundo, ensalzar el papel del deporte, ya que es básico para mejorar y aumentar nuestra calidad de vida.
El presidente de FAPAC, Walter García, por su parte, puso de relieve la idea de que “la escuela pública tiene que ser un entorno próximo donde nuestros hijos e hijas puedan sentirse confiados, donde el camino de casa a la escuela y de la escuela a casa sea todo parte de un lugar en el cual sientan cierta identidad”. Tanto la escuela como las entidades deportivas, los esplais y los centros de ocio externos deberían caminar en la misma dirección y formar parte de un mismo entorno.

Ernest Maragall fue el encargado de clausurar la primera parte del evento aplaudiendo el buen hacer de los padres que representan a sus hijos en las asociaciones, pero recordó que no hay que también deben actuar como lo que son: padres y madres.

Por último, José María del Pozo se encargó de enviar un mensaje de esperanza a los asistentes en el que predominaba la idea de que una mejora en la educación es compleja, pero no complicada. El doctor en Filosofía argumentó, con metáforas filosóficas, un discurso que basó en tres partes: el análisis de la complejidad constructiva, la complejidad del entorno y la solución a todo ello. Destacó la importancia de dar comprensión y ánimos al niño, potenciar su abanico de posibilidades, y subrayó: “El hombre no es una harmonía establecida, somos una unidad resultante de todo ese lío, lo que me parece educativamente optimista. El niño crea su propia personalidad, la desarrolla, y cultivar sólo uno de nuestros potenciales es un error”. Para del Pozo, uno de los peligros de la sociedad es la rapidez con la que vivimos, lo que nos lleva al individualismo, a “una feroz competencia que nos vuelve peores como personas”. Como solución, propuso cuidar los cuatro únicos elementos de fijeza que posee el humano: la capacidad moral, ética, social y estética. Recordando siempre su carácter positivo: “generar bondad es generar sociabilidad. Complejidad, sí, pero no negatividad”.

Síndrome de Penélope

Para explicar la situación de la educación actual, José María del Pozo narró la historia de Penélope, mujer de Ulises, que esperaba paciente la llegada de su marido mientras tejía. Sus admiradores, deseosos de casarse con ella, le preguntaban cuándo sabrían quién contraería matrimonio con ella en ausencia de su marido. Penélope siempre contestaba lo mismo: “cuando acabe el tapiz que estoy tejiendo”. Pero lo que sus pretendientes no sabían era que tejía de día y destejía de noche, para no acabarlo nunca. Para del Pozo, la escuela padece este síndrome, porque “los valores que se montan en casa se desmontan en la escuela, y los que se montan en la escuela se desmontan en casa”.