Según los especialistas, en el mundo existen unos 6.500 millones de idiomas distintos, aunque sólo el 10% tiene presencia mediática (televisiones, radios, Internet). Una de las maneras de conocer otros idiomas es viajar, y, de hecho, descubrir una lengua es descubrir una cultura, una tradición.

Usted disfruta de un agradable paseo por el centro de su ciudad, gozando de la brisa y el sol de verano. De pronto, alguien le para, y, con una retahíla de sonidos incomprensibles, le pregunta algo. Todos nos hemos encontrado, alguna vez, en esa situación, la de no poder comunicarnos con alguien a causa del idioma.

Aprender una lengua es, en cierto modo, aprender una cultura e historia, una manera de entender el mundo. Por eso, cuando tomamos lecciones de italiano, por ejemplo, descubrimos el sistema de valores y tradición del país. Entendemos, además, que es necesario adentrarnos en cuantos mundos sea posible para entender mejor nuestra realidad. Es, en efecto, el anhelo del viajero: conocer muchas culturas, muchos idiomas, muchos mundos…

Una de las soluciones que se asientan como actividad mayoritaria de verano son las estancias en el extranjero para aprender idiomas. Son viajes muy útiles, puesto que, además de las lecciones, se practica constantemente el idioma (con el solo hecho de hacer vida normal) y se aprende las costumbres del lugar.

Existe, sin duda, una elite de idiomas, los más hablados del planeta. Entre ellos podemos encontrar el chino, el inglés, o el castellano. No obstante, la mayoría de idiomas del mundo son minoritarios. De hecho, según la Unesco, 3.000 lenguas están actualmente en peligro de extinción. Esta desaparición es provocada, en buena parte, por el carácter ágrafo de muchos de los idiomas minoritarios. Se calcula que unos 1.300 millones de personas utilizan estas lenguas. Pertenecen en su mayoría a países en vías de desarrollo, en los que las clases se imparten en otro idioma. Uno de los esfuerzos de la Unesco y varias asociaciones es el de dotar a esas lenguas de una presencia gráfica, es decir, que se pueda escribir y leer.

El idioma menos hablado

El idioma menos hablado del mundo es el wichita, una microlengua caddoana hablada en Oklahoma. Según datos de 1981, poseía 500 hablantes, que han ido reduciéndose hasta llegar a tres hablantes en la actualidad. La desaparición de esta lengua está asegurada, y de hecho se afirma que ya es una lengua muerta. También lo es el latín, aunque sin embargo es uno de los dos idiomas oficiales de la Ciudad del Vaticano. Su uso está muy extendido para ceremonias litúrgicas en la Santa Sede: el Papa escribe sus mensajes en latín, la radio del Vaticano emite en esta lengua y también los periódicos lo utilizan.