¿Por qué las matemáticas despiertan tan poco interés entre los estudiantes? Se trata de una asignatura apasionante, con siglos de historia a sus espaldas. Sin embargo, el miedo al error la ha delegado como la materia más antipática del sistema académico. Nada más erróneo.

El último informe PISA, que evalúa las competencias en lectura, matemáticas y ciencias en los países de la OCDE, pone de relieve el desinterés y la baja autoestima de los estudiantes españoles por las matemáticas. Desde hace años, la desmotivación y los métodos de enseñanza están castigando a este asignatura, convirtiéndola en la enfant terrible de la secundaria. De hecho, según la Educa-system, 6 de cada 10 peticiones de refuerzo extraescolar corresponden a esta materia. Sin embargo, la indiferencia hacia las matemáticas se difumina rápidamente dando un repaso a sus aplicaciones en la vida diaria.

Miedo a los números
España es la décima potencia mundial en matemáticas, cuenta con importantes investigadores y su producción en este campo supone cerca del 5% de todos los artículos que se publican en revistas científicas. Sin embargo, los estudiantes españoles destacan por mostrar un alto desinterés en la materia. A pesar de las dificultades de aprendizaje que se le atribuyen, la realidad es que los jóvenes son capaces de realizar fácilmente operaciones que no saben resolver en las clases de matemáticas. Precisamente, si observáramos detenidamente, nos daríamos cuenta de que los mismos alumnos son capaces de resolver problemas matemáticos en su vida cotidiana con resultados diferentes. Conectar las matemáticas del aula con la vida cotidiana del alumno es la manera más eficaz para desarrollar de manera natural la capacidad de abstracción y reflexión que requiere la materia.

¿Por qué cuestan tanto?
Según los expertos, se dan dos factores que desde hace años lastran la carrera hacia el aprendizaje de las matemáticas: la descontextualización y la abstracción de los contenidos. Un lenguaje formal y una metodología deductiva restan protagonismo a la creatividad, y hacen que prime el resultado final sobre el proceso realizado hasta ese punto. Además, la precisión de la solución facilita que el alumno caiga más veces en el error. Por eso, a diferencia de muchas materias, las matemáticas no pueden estudiarse a través de un sistema descriptivo, como la biología, ni mucho menos memorístico, como podría ser la historia. Para entender las matemáticas, es decir, para llegar a la abstracción, el alumno debe realizar muchos ejercicios. Sólo a través de la práctica, se interiorizan los mecanismos y se vuelven automáticos. En definitiva, para resolver fácilmente una ecuación, es preciso haber hecho antes cincuenta.

Todo es matemáticas
Uno de los puntos clave para atraer la atención hasta esta asignatura es su relación con el entorno. Su universalidad (son iguales en todo el mundo) es una herramienta de gran utilidad a la hora de motivar a los jóvenes. Todas las actividades de la vida diaria “necesitan”, aunque estén ocultas, de las matemáticas: llamar por teléfono móvil, sacar dinero del cajero automático, utilizar un mapa, conectarse a Internet, pedir un préstamo, ir al supermercado, al cine, etc. En cada actividad diaria, el cerebro humano no deja de hacer cálculos que, por naturalizados, pasan desapercibidos. Una clasificación deportiva, las rebajas o las notas académicas son sólo una mínima muestra de su presencia en el día a día da la sociedad. Por eso, padres y profesores tienen la responsabilidad de plantear las matemáticas como algo natural de la vida diaria, en la que pueden incidir con simples ejercicios como hacer la compra o ahorrar para un regalo.