La literatura científica y la prensa especializada en Educación aceptó hace tiempo un término cuyo sentido estricto se pone cada día más en duda: fracaso escolar. Es evidente que existen alumnos que no consiguen adquirir los conocimientos ni alcanzar las calificaciones necesarias para pasar de curso y que esto ocurre cada año, de ahí que se le denomine fracaso, un término algo fatalista si se acepta que todo intento ya es un éxito en sí mismo. Pero sobre todo, se le llama escolar, aludiendo a la institución en el que se produce, la escuela, sin tener en cuenta que podrían estar fallando, más que cada colegio o instituto, el sistema educativo, el modelo de enseñanza o las técnicas pedagógicas utilizadas.
La mayor de estas deficiencias es, probablemente, no atender a cada alumno en función de sus necesidades particulares, sea por falta de recursos (espacio, tiempo, profesores) o porque el modelo educativo no contempla esta realidad. Así lo significan recientes estudios médicos como el divulgado por Inmaculada Escamilla y Pilar Gamazo, especialistas en Psiquiatría de la Clínica Universidad de Navarra, en su libro ‘¿Es mi hijo un mal estudiante? Causas médicas del fracaso escolar y tratamientos para superarlo’.
Para empezar, estas especialistas explicaban recientemente al diario El Economista, que «se debería hablar de fracaso educativo, no escolar, como algo que afecta al estudiante, a su familia, a la escuela y a la sociedad». Y desde esa perspectiva, insisten en la importancia de aceptar las diferencias entre unos alumnos y otros, sus distintas capacidades, aptitudes y actitudes, para atajar sus problemas de aprendizaje desde lo particular, y no aplicando a todos las mismas metodologías, atención y procedimientos. «La prevención del fracaso escolar pasa por la aceptación de que la diferencia no es lo mismo que la discapacidad» añaden las doctoras.
De todo ello se deduce, como se viene insistiendo desde distintas instituciones como Educa-system, que gran parte de la solución al retraso de algunos estudiantes se encuentra en la atención personalizada, atendiendo a la problemática particular de cada alumno. Por este motivo, entre otros, el método un profesor, un alumno, desarrollado a través de las clases particulares se ha demostrado eficaz. Cada vez está más claro que el fracaso no es escolar, es particular, y desde ese enfoque es como se puede convertir en éxito. Un éxito, sin duda, muy particular.

Los comentarios están cerrados