Si bien en 2010 y en 2011, el mayor problema del sistema educativo español, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), parecía ser el fracaso escolar, ahora, lo ha desbancado el porcentaje de jóvenes de entre 15 y 29 años que ni estudian, ni trabajan. Y es que los llamados «ni-nis» representan un 23,7% de todos los jóvenes en dicha franja de edad, un dudoso privilegio sólo superado por Israel entre los países de la OCDE y que sitúa a España como el país de Europa con mayor porcentaje de jóvenes en esa situación (Panorama de la Educación 2012, OCDE).
La OCDE, compuesta por los 34 estados más desarrollados social y económicamente en el mundo, apunta a la crisis económica y sus peculiaridades en España como la principal causa de esta situación. Este organismo es consciente de que en los años de mayor pujanza económica, muchos jóvenes, atraídos por el dinero «fácil», abandonaron los estudios para incorporarse a un mercado laboral en plena ebullición, principalmente en el sector de la construcción y todos sus subsectores. Sin embargo, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, muchos de ellos se quedaron sin trabajo y, sea por su edad, o por haber incurrido en inversiones como hipotecas o préstamos, que no han podido saldar totalmente, no han retomado sus estudios para no «entorpecer» su búsqueda de empleo. Como resultado, y dada la situación, ni encuentran trabajo, ni estudian, de ahí el calificativo de ni-ni.
A todas luces, el diagnóstico de quienes abandonaron los estudios prematuramente para lanzarse a trabajar en actividades que no requerían de cualificación, ni conocimientos, no ha sido del todo acertado. Por una parte, pueden haber ganado cierta solvencia o ventaja económica durante unos años, lo que les puede haber permitido más autonomía y la compra de determinados bienes. Pero por otra parte, y como reflejan las cifras, para muchos no ha sido más que «el sueño de una noche de verano», que, pasada la euforia inicial, se ha convertido en una auténtica pesadilla.
La buena noticia es que, como dice el refranero español «todo tiene solución«, pero esta pasa por no repetir errores. El primero de ellos y más importante, apunta a las familias y a los jóvenes que pensaron que el conocimiento, o la educación, son vacuos y no tienen utilidad para la persona ni para su bolsillo. Es un error de juicio reparable y para ello, basta con reengancharse a la formación, sea reglada o sin reglar, para mejorar el currículum en ese apartado y adquirir nuevos conocimientos útiles para ejercer un oficio o desarrollar una carrera profesional. Frente a las apuestas a corto plazo del pasado, se trata de una inversión de futuro con resultados más lentos pero también más duraderos.
El segundo error apunta a la sociedad y a los políticos, al no saber prever ni frenar la sangría constante de abandonos escolares. Es necesario retomar conciencia de la importancia de la Educación para el desarrollo de un país, manteniendo y/o aumentando la inversión, pero también optimizándola, para que no caiga en saco roto. En la misma línea, es necesario insistir en la cultura del esfuerzo y del conocimiento, que es la que, si echamos la vista atrás, ha hecho de España y otros países, lugares prósperos y con mayor calidad de vida.
Finalmente, no puede obviarse que el sistema educativo, en todas sus escalas, también ha de reflexionar sobre lo ocurrido para evitar, en la medida de lo posible, que se vuelva a repetir. Para ello, será necesario hacer arte de imaginación y desplegar talento, de modo que con las herramientas disponibles, se logre infundir interés por la Educación y confianza en sus resultados. Para ello, habrá que trabajar cada día para que la enseñanza no sea sólo una traslación de contenidos teóricos, sino una ayuda real para entender el mundo, integrarse en él y aportar, como personas, nuestro granito de arena para su desarrollo.
El reto es de todos, al igual que el futuro. Es hora de trabajar en ello. No hay elección.