El juguete y la actividad que nace de la interacción con el mismo, el juego, son uno de los pilares esenciales de la educación que dan paso, sin ser plenamente conscientes de ello, al desarrollo de otras capacidades o habilidades cognitivas superiores.
Silvia Vilasaló, pedagoga
Los juguetes y los juegos que éstos generan influyen en el desarrollo de la personalidad del niño. Influyen en el desarrollo de todas sus dimensiones y, a su vez, definen cómo y en qué etapa se encuentra. Existe un modelo de análisis pedagógico de los juegos o juguetes, el modelo ESAR, que clasifica y analiza los materiales en función de la habilidad que desarrollan y nos indican la edad más propicia para trabajar con ellos. Este sistema define 4 categorías:
Juegos de Ejercicio
(hasta los 3 años de edad).
Son aquellos que favorecen la relajación y estimulan todos los sentidos, desarrollando a su vez la manipulación y los movimientos corporales en general. Por ejemplo, los juegos móviles con diferentes sonidos, colores y formas.
Juegos Simbólicos
(hasta los 6 años).
Se trata de juguetes que estimulan los sentimientos y emociones para liberarlos, hacen desaparecer miedos, ayudan a adoptar diferentes roles y crean situaciones relacionadas con la propia vivencia. Favorecen la concentración y la inhibición.
Juegos de Construcción
(hasta los 8 años).
Son juegos en los que hay que crear la realidad, ya que los materiales que tienen no definen una forma específica. Estimulan la concentración, favorecen la competencia, la autoestima y el control. También trabajan la manipulación manual y, lo más importante, ayudan a crear y destruir sin sentimiento de culpabilidad. Trabajan las nociones espaciales, colores, tamaños… y, en definitiva, promueven la creatividad y la imaginación.
Juegos de Reglas / Normas
(más de 8 años).
Favorecen la concentración y la inhibición. Refuerzan los aprendizajes escolares y permiten adquirir conocimientos sobre el propio cuerpo, favoreciendo la interacción con los otros, también con adultos. Es muy importante el hecho de aceptar o no las reglas impuestas.
Es necesario establecer normas para fortalecer conductas y fomentar el completo desarrollo de los niños, de manera lúdica y no impositiva. Así es más sencillo entender y aceptar un límite que ya no les viene impuesto sino que se ha asumido como tal. Jugando en familia, podemos reforzar la aceptación de las normas o reglas y trasladar su aceptación a la vida cotidiana.