El verano suele empujarnos a abrir puertas
y estar al aire libre. Sin embargo, a veces también buscamos refugio en espacios interiores, más frescos, en los que pasar las horas más cálidas del día. De paso, nos aportan otro tipo de ocio, también más introspectivo, tan útil para ordenar ideas, inspirarnos y hasta entusiasmarnos. Es el caso de los museos y sus exposiciones, sean temporales o permanentes, a veces olvidadas en esta época, salvo para los turistas.
Justamente se celebran este año en Madrid y Barcelona dos exposiciones de pintura que hacen de la visita un momento especial a la par que ofrecen una insustituible lección de Arte, con mayúsculas. Así, nos encontramos por un lado con la retrospectiva «Devorar París. Picasso 1900-1907, La vida y arte parisinos que inspiraron al pintor malagueño» abierta en el Museu Picasso de Barcelona hasta el 16 de octubre. Se trata de una ocasión de oro para entender la obra de este pintor, conocer sus influencias y su evolución. Al mismo tiempo permite ver de cerca obras de otros inmortales de la pintura como Cézanne, Toulouse-Lautrec, Bonnard, Rodin, Steinlen y Gauguin y Van Gogh, entre otros. Quienes se presenten a selectividad en septiembre o el próximo año tienen aquí un espacio de lujo para repasar o anticipar sus conocimientos de arte.
Una lectura distinta es la que se nos sugiere en la retrospectiva de Antonio López que oferta el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid hasta el 25 de septiembre. A través de una selección de 130 obras, elegidas por el propio autor, se realiza un retrato fiel de la evolución artística, las temáticas favoritas y las obsesiones de este artista manchego que sigue creando y creciendo cada día. Llama especialmente la atención el cuidado con el que se han elegido algunas de sus obras, algunas apenas esbozos, otras variaciones de un mismo tema, y que son una lección magistral y una muestra transparente de la técnica y la ejecución en fases de sus cuadros. López es además muy aficionado a no borrar trazas, bocetos, medidas y anotaciones sobre el cuadro, lo que aporta una información poco habitual y que, además de su indudable sentido estético-artístico, será muy agradecida por parte de estudiantes de Arte, aficionados y aspirantes a artistas.
Finalmente, las restrospectivas como estas aportan una última lectura, siempre aplicable al Arte: la visión sesgada y particular que hay detrás de cada obra y cada artista, su capacidad para analizar e interpretar la realidad a su manera, el sublime don de expresarlo pincel en mano pero sobre todo el aprendizaje continuo que trasciende en su carrera artística, la evolución de su pensamiento y su modo de hacer y las lecciones que nos transmiten de forma atemporal desde sus telas.

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