La presencia de un animal doméstico en casa favorece la socialización de los más pequeños, les hace más responsables y menos egoístas. Perros y gatos pueden ser, incluso, confidentes y amigos de nuestros hijos.

Carles Chacón, periodista

En un primer momento, el deseo de tener un perro o un gato es muchas veces un capricho, un deseo de los niños de tener un juguete con vida propia. No obstante, hay que dejar claro que un ser vivo no es un juguete, y que no se le puede tratar como a tal. Exige, asimismo, muchas responsabilidades que alguien debe asumir. Por tanto, antes de tener una mascota hay que decidir si se le podrá un nivel de vida óptimo, con cariño y respeto. Son, precisamente, estas obligaciones, las que pueden hacer que nuestros hijos crezcan emocionalmente al cuidar a un perro o un gato. Sacarlo a pasear, jugar con él, darle de comer, educarlo… Y, por supuesto, disfrutar de la compañía y amor del animal.

Valores
Además de los valores de responsabilidad derivados de su cuidado, tener una mascota estimula la afectividad y sensibilidad del niño, que aprende a respetar y querer. Se ha demostrado que un niño con mascota aprende a comprender mejor a los otros, a ceder y pactar decisiones y aceptar obligaciones. En este sentido, por ejemplo, si es el pequeño de la casa el que se ocupa de pasear al perro (actividad necesaria al menos tres veces al día), deberá hacerse cargo siempre, tenga o no tenga ganas, llueva o haga sol.

Requisitos
Cada vez más los amantes de los animales reivindican una serie de requisitos a la hora de tener mascotas. Los perros y gatos también tienen unas visitas obligatorias con el veterinario, por ejemplo. En concreto, deben vacunarse anualmente, desparasitarse internamente (lombrices) cada 4 meses y externamente (pulgas y garrapatas) cada mes.

Otro requisito responde al espacio que tiene el animal. No es necesario que sea muy grande, pero sí que le permita moverse. No obstante, lo importante es la interacción no sólo con personas, también con otros animales. A muchos les podría parecer pesado cumplir con todas las medidas higiénicas, gastronómicas y de educación de perros y gatos. Pero si somos justos deberemos hacerlo, ya que se trata de un miembro más de la familia. Si realmente amamos a nuestra mascota, tenemos que cuidarla y darle el trato que se merece.
Acariciar a nuestro perro o gato reduce el estrés y, según algunos estudios, reduce el riesgo de infarto. Además, el trato con nuestra mascota también será beneficioso para ella: se ha demostrado que los perros que tienen contacto con niños pequeños tienen menos problemas de salud y envejecen con mayor estabilidad emocional.

La terapia de los animales
En 1960, el doctor Boris M. Levinson relató en su libro Psicoterapia infantil asistida por animales las primeras experiencias en la utilización de animales para la terapia. Relataba cómo la presencia de un perro en la consulta favorecía la comunicación entre el terapeuta y el paciente. Otro ejemplo es la residencia Robert-Chiene, en Montreal, que desde 1984 tiene, en cada piso, una pajarera. De esta manera, los residentes que antes no salían de sus habitaciones se preocupan y cuidan de los animales. En lo referente a los pacientes de menor edad, la relación con animales favorece la empatía; en casos de depresión e introversión potencia la extroversión y la relajación. Además, la presencia de un animal ayuda a aclarar la atmósfera, incrementando la distracción, la alegría y el juego, disminuyendo la sensación de aislamiento de algunos pacientes.