España vive una de las peores sequías de los últimos 50 años. Medio Ambiente asegura el suministro de agua para uso doméstico pero los embalses, con un 25% menos de agua que el año pasado, ponen en evidencia la creciente escasez de agua que vive el país.

La prolongada sequía que asola buena parte del territorio español tiene a toda la población en vilo. Prácticamente todo el arco mediterráneo que va de desde Catalunya hasta Algeciras, además de la cuenca del Guadalquivir, la cabecera del Tajo y algunos puntos de la cuenca del Duero atraviesan un periodo de escasez de agua que no lleva visos de remitir.
En relación con el año pasado los embalses españoles cuentan hoy con un 25% menos de agua, lo que traducido en cifras equivale a 24.134 hectómetros cúbicos. En palabras del director general de la Agencia Estatal de Meteorología, Francisco Cadalso, el semestre hidrológico de octubre a marzo ha sido el más seco de los últimos 60 años. Los datos hablan: durante este periodo el valor medio de precipitación debería haber sido de 316 mililitros, pero ha sido de 177.
Esta situación, derivada de la falta de reservas de nieve y de la reducción de las reservas en los embalses y acuíferos, ha obligado a los gobiernos a impulsar la elaboración de planes de gestión para paliar sus efectos. En Catalunya, una de las principales medidas adoptadas ha sido la aprobación, por parte del Gobierno de la Generalitat, de un Decreto de Sequía cuyas líneas de actuación van desde la prohibición del uso de agua potable en el riego de jardines, huertos, zonas verdes y deportivas, piscinas y lavado de vehículos, hasta la detención del flujo de salida de las reservas de agua en la Cuenca Hidrográfica del Ebro (CHE) y el trasvase de agua en la zona occidental de Andalucía.
En el ámbito doméstico, la instalación de dispositivos de modulación, regulación y medición en las conducciones de agua se perfila como otra de las nuevas formas de gestión del agua a poner en práctica.

Laura Gamundí, periodista