Hoy en día el estudio de los idiomas se ha convertido en una asignatura fundamental en la vida escolar. Sin darnos
cuenta utilizamos el idioma inglés en innumerables casos, sobre todo en informática, otra herramienta imprescindible en nuestras vidas diarias.
Lógicamente el estudio de ambas asignaturas es casi una obsesión para muchos alumnos y alumnas.
Los padres quieren lo mejor para sus hijos/as de cara a su futuro profesional, ya que en el mundo laboral existe una competencia feroz con jóvenes preparadísimos, aunque el inglés sigue siendo el mayor obstáculo para muchos jóvenes y adultos.
De hecho, los dos últimos presidentes del gobierno español no hablan ningún idioma que no sea el nuestro. La gran presión a la que nuestros jóvenes son sometidos en un mundo tan competitivo se ve reflejado en el fracaso escolar, no todos/as pueden aguantar la presión.
Los padres intentan que sus hijos/as consigan las mejores notas en el colegio.
Las clases a domicilio son de refuerzo, de apoyo. Creo que estas clases son muy importantes, ya que las clases en la escuela se imparten a mucha gente, no siempre hay tiempo para clarificar las dudas que el alumno pueda tener.
Las clases de refuerzo valen para mejorar el nivel de los alumnos, ya que el trato es personal, individualizado y dirigido a la mejoría y confianza del estudiante.
Las clases adomicilio, son muy beneficiosas para el alumno ya que las clases se desarrollan en su ambiente familiar, fuera de las horas escolares, sin presiones, sin miedo al ridículo, muy dado en nuestra cultura, el gran temor a hacer el ridículo en público.
Los profesores deben animar a que los alumnos pierdan el miedo y la vergüenza a hablar, a expresarse con
confianza. El contacto con los padres es muy importante.
La comunicación es siempre fundamental a todos los niveles. Si no sabemos que el alumno y los padres no están contentos con las clases, no podemos solucionar cualquier problema que pueda surgir.

La relación personal entre padres, alumnos/as y profesor son la base de la enseñanza a domicilio.

Por: Juan Carlos Córdova Álvarez

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