A nadie se le escapa que el deporte aúna un conjunto de disciplinas que desarrolladas de forma individual o en grupo, permiten educar en multitud de valores. Y tampoco se le escapa a nadie que el cine y los medios audiovisuales son las mejores vías para difundir mensajes, también los educativos. Por eso, cuando se aúnan fútbol y cine, los valores están de enhorabuena.
Es lo que ocurrirá a partir de hoy con el estreno de «El Sueño de Iván», una película para todos los públicos en la que se mezcla una historia de crecimiento personal, con el relato de una hazaña y el trasfondo de la solidaridad. El guión es simple: un grupo de niños es seleccionado para jugar un partido de fútbol benéfico contra una selección de los mejores jugadores profesionales del mundo.
Como en la vida real, el resultado, e incluso el partido, quedan en un segundo plano durante toda la película, porque en el fondo no son más que la segunda parte de un todo en el que lo que más importa es la primera: la preparación, la ilusión, el trabajo en equipo, la perseverancia, la búsqueda de una meta y su persecución. Durante 90 minutos pueden verse confrontados, de forma divertida y ligera, los valores con los que un niño se encuentra a lo largo de su desarrollo: la ambición desmedida frente a la más sana, los malos modos frente a los buenos, el individualismo frente a la colaboración, y la honradez frente al «todo vale».
No corren buenos tiempos para los valores, por eso, cualquier cosa, hasta una película, pueden sernos útiles para recordarlos e inculcarlos. Más aún cuando en la propia realización se ha hecho un esfuerzo intencionado de carga educativa, como demuestra la creación de un blog en el que compartir y debatir sobre todo ello. ¿O no?