Y finalmente, ¡llegaron las vacaciones de  verano! Para regocijo de los más pequeños y quizás no tanto de sus padres, ha llegado el periodo de descanso estival y mientras aquellos ya se han olvidado de libros y obligaciones escolares, los otros se afanan en buscar formas de tenerles ocupados y de que no pierdan todo lo aprendido en los próximos dos meses …
Y es que, a menudo, las vacaciones de verano se toman con tantas ganas y resultan tan distrayentes, que niños y adolescentes corren el riesgo de “pasarse de frenada” y darse cuenta en septiembre de que no recuerdan ni la mitad de lo aprendido durante el curso anterior. Esta realidad, tantas veces vivida hace años por quienes ahora son padres, es temida ahora por ellos y también por quienes les recibirán de vuelta en septiembre: sus profesores.
Aunque el descanso es necesario conviene seguir algunas  pautas para que el verano no se convierta en un agujero negro que “se trague” todos los aprendizajes que tanto esfuerzo costaron durante el curso:
–    Es recomendable tomarse 1 o 2 horas al día para alguna actividad intelectual, que permita no perder el hábito adquirido en el colegio o el instituto;
–    Es preferible hacerlo por la mañana, con las horas más frescas del día, y cuando todavía no hemos iniciado otras actividades más lúdicas como ir a la piscina o salir a jugar;
–    También es importante fijar siempre el mismo horario, de forma que se convierta en un hábito como decíamos antes; por ejemplo, de 10 a 12, o de 9 a 11, justo después de levantarse, desayunar y asearse;
–    Para hacerlo más ameno, puede dividirse la actividad en 2 o 3 periodos de entre media hora y una hora cada uno;
–    Las tareas deben ser ligeras y deben alternarse cada día pequeños ejercicios o repasos de distintas áreas de conocimiento: matemáticas, lenguaje e idiomas, por ejemplo.
–    Pueden tomarse los libros usados durante el curso o adquirirse cuadernos de verano como los que editan las distintas editoriales educativas y que sirven como material de guía o de apoyo;
–    Para los días en que exista menos motivación, sea porque coincide con excursiones, salidas o fiestas patronales (muy habituales durante el verano), puede programarse una hora de lectura; además, es recomendable tomar un libro nuevo al principio del verano, de un tamaño medio (en función de la edad) y hacerse el propósito de leerlo durante estos dos meses;
No se trata por lo tanto de “hincar los codos” como ya se hizo durante el curso, pero sí de mantener un hábito de estudio que permita retomar los libros en septiembre sin traumas o con la memoria “a 0”. Cuántas veces habremos oído a los profesores exclamar ¡pero es que no te acuerdas de nada! En el fondo, saben que no es así, pero nuestro cerebro se hace cómodo y ponerlo de nuevo en marcha tras dos meses parado es mucho más difícil que si “lo arrancamos” un ratito cada día ¿o no?