Durante siglos, baste recordar el antiguo Egipto, los escribanos ocuparon uno de los más altos lugares en la escala social. Más cerca de nuestros días, hace apenas unas décadas, la caligrafía era una parte fundamental en el aprendizaje y una disciplina que se perfeccionaba día a día durante años. Los docentes con cierta solera y los abuelos que fueron a la escuela, incluso recordarán haber aprendido a escribir con pluma y tintero; los padres y profesores de hoy, seguramente retienen todavía en su memoria ese primer curso y esos veranos llenos de cuadernos Rubio, y horas apuntando la «A», buscando la «B» y colocando la «C» …
Ahora, en plena era digital, es fácil que se obvie la importancia de la escritura, y aún más, de la correcta y buena escritura. Pero la realidad es tozuda y carga contra nuestras costumbres y sus cambios. Sin ir más lejos, la sección de Salud del tabloide británico The Times, publicaba recientemente un estudio en el que se aseguraba que mueren 7.000 personas al año por la mala letra de los médicos. La escritura rápida y despreocupada de los profesionales de la medicina arrastra fama mundial, y no precisamente buena; ahora incluso, se demuestra que no era sólo un mitor popular, sino que puede tener consecuencias fatales.
Por eso no es de extrañar que en algunos lugares se haya retomado la caligrafía como una asignatura fundamental en la enseñanza. Es el caso de China, que ha recuperado esta práctica, decidida a enseñar escritura a la generación de internet. Y es que, aunque las tecnologías cambien nuestros hábitos, no se puede olvidar lo esencial: para aprender y comunicarse, hay que saber primero leer y escribir ¡también a mano!