El estrés es una respuesta automática de nuestro cuerpo ante una posible amenaza.
Hace unos 20.000 años, cuando vivíamos en cavernas y debíamos sobrevivir frente amenazas en los que nuestra
vida estaba en juego (como el ataque de un mamut) ese estrés nos permitía actuar con rapidez para la huida o el ataque.
Nuestro cuerpo generaba unas hormonas que nos aportaban la energía necesaria para lograrlo. Toda esa adrenalina era canalizada en la acción y tras ello, venía la calma.
Tras todos estos años de evolución nuestro sistema nervioso central sigue reaccionando de la misma manera. Ante una situación “amenazante” nuestro cuerpo segrega hormonas del estrés (adrenalina y cortisol) que, a diferencia de nuestros ancestros, no liberamos.
Consideramos que el estrés es positivo cuando somos capaces de sobrellevarlo de manera equilibrada, ya que nos permite estar alerta, mantener toda nuestra atención y energía en algo que queremos lograr. Pero en la sociedad actual son múltiples las amenazas que sentimos por lo que nuestro estado de tensión es constante.
En ese caso es negativo ya que nuestro cuerpo y nuestra salud se resienten: dolores de cabeza, malestar gástrico, nerviosismo, problemas para conciliar el sueño, fatiga, desconcentración, sensación de ahogo, confusión, debilidad, dificultad para la toma de decisiones…

¿Qué nos provoca estrés?

Hay 4 características generales, presentes en las diferentes  situaciones diarias, que ayudan a generarlo. A mayor presencia, más estresantes serán para nosotros:
  1. Novedad: miedo a lo que no conocemos.
  2. Impredecibilidad: temor a lo inesperado.
  3. Sensación de descontrol: sentir que no podemos o no sabemos controlar una situación determinada.
  4. Amenazas a nuestra persona: cuando consideramos que nos cuestionan.

 ¡Actúa!

  •  Mantén una actitud positiva.
  • Ríete 🙂
  • Recuerda buenos momentos. Escribe para expresar tus emociones
  • Pasea, haz deporte. Mantente activ@.
  • Aliméntate de manera saludable.
  • Dedícate tiempo a ti mism@. No te olvides de tus hobbies.
  • Duerme las horas necesarias
  • Aprende a decir NO (decide qué quieres/puedes hacer realmente y qué es a lo que estás dispuest@)
  • Pide ayuda y ofrece la tuya a quién pueda necesitarla (producirá satisfacción).
  • Organiza tu espacio (el órden nos proporciona calma)
Todas estas acciones que puedes (debes) hacer diariamente  te ayudarán a controlarlo, a vivir más relajad@ y mejorar tu calidad de vida.