“El feedback con el público es algo muy goloso”

Mag Lari es, sin duda, uno de los magos más con más proyección de la escena nacional. Pero, más allá de los trucos, este mago catalán combina la música y el humor en tales dosis que envuelve al espectador en un espectacular show tan mágico como teatral, apto para pequeños y muy recomendado para mayores.

Natalia Pastor

Define magia…
Hay dos tipos de magia. La que es de verdad y la que no lo es. Yo creo que hago la magia que no es de verdad, que es la que conocemos como ilusionismo. Se trata de ilusionar al resto de la gente, hacer creer que lo que yo hago es magia, pero en el fondo todo el mundo sabe que detrás de mi magia hay un truco. La otra magia es la de la vida, el amor, y aquellas cosas que realmente no tienen explicación.

¿La gente acepta tácitamente que harás trampas?
Hay un convenio. El público entra y ya sabe lo que hay. No hay un engaño.

¿Y con los niños qué pacto hay?
Con los niños pequeños sí que hay engaño. Pero éste ya viene fomentado por los padres, que les crean el mito del tipo: vamos a ver un mago que es un señor que si no te traes bien te hará desaparecer… ¡se oye cada cosa! Pero llega un momento en el qué el niño descubre que este señor no tiene poderes. Cuando ven que la magia está a su alcance en una moneda, entonces es cuando entienden mi trabajo.

Ya desde pequeño tenías claro a qué te querías dedicar. Pero, ¿cómo nació Mago Lari como personaje?
Nace poco a poco. El primer espectáculo que monté sí que lo hice muy teatral. Era muy joven pero ya había esa inquietud de querer hacer de la magia un espectáculo más cerca del teatro. No soy yo haciendo juegos de manos, sino un personaje.

¿Cómo ha evolucionado este personaje?
Yo creo que nació en el Teatro Llantiol de Barcelona. Debía imponerme ante un público que venía a menudo de copas, muchas veces sin predisposición de ver un espectáculo de magia, etc. Y lo empecé a parir entonces, aunque poco a poco se ha ido formando.

Ahora lo vivirás con más calma…
Sí, porque la gente ahora me viene a ver. Ahora es una alegría de la vida trabajar. Pero a principios de mi carrera el público no veía al Mag Lari, sino sólo a un mago. Te pasas luchando años y años para que la gente te respete, y es un status. Ya hace años que no lucho contra el público. Noto que está a mi lado y vamos todos juntos.

¿Qué es lo que más te gusta de ser mago?
Por mí, el escenario es mi hábitat natural. Me pones allá arriba, en tres, cuatro metros, y me encanta. Me sabe mal decirlo pero es un trabajo muy ególatra. El feedback con el público es muy goloso. Y como tengo este feedback y me funciona bien, es algo adictivo.

¿Eres un mago pendiente de la crítica?
No. De hecho, todo el mundo se hace eco de todo pero no hay crítica, como mínimo mala. Tampoco hay crítica especializada en magia y los periódicos no saben a qué crítico enviar. Todo por culpa del cliché ‘la magia no es teatro’. Yo no quiero que valoren si manipulo bien o si se me caen las cartas, sino el espectáculo en conjunto.

Si no hubieras sido mago, ¿serias actor?
No lo sé. Es que a mí lo que me gusta es estar en un escenario y hacer lo que quiera. Un actor está atado de manos del director y debe ser una persona muy versátil. Yo no tengo versatilidad.

¿Cómo recibe el público las canciones de Jaenette mezcladas con cartas?
Bien, pero creo que la gente no lo analiza. Se lo encuentran, les parece bien y natural. Pero sí que me gustaría que se dieran cuenta del esfuerzo que hay. Nosotros no hacemos uso del recurso fácil de sacar animales, por ejemplo, que es una cosa muy agradecida. Adquirimos el compromiso de no hacerlo. Tampoco trabajamos con chicas medio desnudas en el escenario. Eso, de alguna manera, dignifica la profesión. No quiere decir que trabajaremos siempre con chicos bien vestidos, sino que no lo haremos con chicas con poca ropa. Hay que abrir nuevos caminos. Si el Cirque du Soleil ha reconvertido el circo, también se puede hacer con la magia.