¿Fruta en invierno? ¡Por supuesto! A pesar de que la temperatura no invita a saborearla a todas horas como en verano, hay muchos motivos para consumir fruta en los meses más fríos del año. De hecho, su alto contenido en vitamina C la hace más recomendable que nunca. La mejor forma de aprovechar las cualidades nutritivas de cualquier fruta es consumiéndola cruda, bien lavada, y sin excederse en el pelado.
Las frutas constituyen un grupo de alimentos indispensables para nuestra salud. Son la mejor fuente natural de vitaminas y minerales y otras substancias antioxidantes, con un aporte calórico escaso. Mandarinas, limones, pomelos, naranjas, plátanos, chirimoya, piñas… Todas estas frutas de temporada tienen algo en común: son ricas en vitamina C, el nutriente estrella que interviene en el sistema inmunitario y, por lo tanto, ayuda a prevenir infecciones de tipo bacteriano y viral como resfriados, gripes, catarros y estados febriles.
En el mercado podemos encontrar un amplio abanico de variedades de frutas durante todo el año, que llegan de todas partes del mundo en unas óptimas condiciones de refrigeración y conservación. Sin embargo, apostar por la fruta de temporada tiene muchas ventajas: su precio es más económico, la calidad es superior a la de otras épocas y, por consiguiente, presentan y conservan mucho mejor las propiedades nutritivas que al ser humano le interesa absorber. El ciclo natural de las cosechas evita, precisamente, que las frutas sean tratadas con productos o procesos artificiales.
Contra el frío… vitamina C
Uno de los motivos para consumir fruta en este periodo es su elevado contenido en vitamina C. La lista de frutas de temporada que contienen esta vitamina es larga y apta para todos los gustos y paladares: kiwi, limón, naranja, pomelo, papaya, plátano, mango, caqui, uva, chirimoya, piña, higos, dátiles, etc. Es cierto que hay verduras que pueden superar la cantidad de vitamina C de algunas de las frutas anteriores, pero la cocción de los alimentos a la que se someten las verduras resta buena parte de esta cantidad original, que sí se mantiene en la fruta fresca. No obstante, la vitamina C, que tiene además propiedades antioxidantes, puede alterarse durante los procesos de digestión. Por eso, tal y como recomiendan los expertos nutricionistas, es recomendable separar la toma de frutas del resto de la comida o tomarla en ayunas. La mejor forma de aprovechar las cualidades nutritivas de cualquier fruta es consumiéndola cruda, bien lavada, y sin excederse en el pelado, ya que la parte más externa, justo debajo de la piel, es la que concentra mayor cantidad de vitaminas.
Aunque es originario de China, la región en la que más predomina y destaca por su calidad y cantidad, es Nueva Zelanda. El nombre de kiwi se debe, precisamente, a un ave de pequeño tamaño que habita en esas regiones y que se asemeja mucho al fruto. Rico en vitaminas, minerales (hierro, fósforo, magnesio y cromo) y fibras que favorecen el tránsito intestinal, es diurético y contiene ácido proteolítico, que ayuda a mejorar la circulación de la sangre y a combatir el colesterol malo. Sin embargo, el kiwi destaca por ser una de las frutas que más concentración tiene de vitamina C, por encima incluso de los cítricos: 100 gramos de pulpa aportan más de 100 miligramos de vitamina C, cantidad que permite cubrir las necesidades diarias de un adulto con la ingesta de un kiwi al día. Se puede emplear en ensaladas de fruta, tartas y otras preparaciones dulces.
Naranjas y mandarinas, complemento ideal
Las mandarinas y las naranjas, igualmente ricas en vitamina C, son muy fáciles de comer. Aunque son el complemento ideal en multitud de recetas de postre, cada vez más acompañan ensaladas y guarniciones para todo tipo de carnes. Los limones y pomelos son también ricos en vitamina C, poseen cualidades antioxidantes y favorecen la absorción de hierro, por lo que son especialmente recomendables en dietas de personas que padecen anemia. Otra de las frutas más típicas de invierno es la granada, que sólo es posible encontrar entre octubre y enero. Sus propiedades desinfectantes y antioxidantes la convierten en un alimento muy atractivo tanto en postres como en ensaladas. Por su bajo contenido en calorías e hidratos de carbono, es especialmente indicada para quienes siguen una dieta de adelgazamiento, así como personas con diabetes.

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