En el proceso educativo, son varios los momentos en los que se debe decidir hacia dónde dirigir la propia formación: áreas técnicas, o áreas artísticas, disciplinas puramente productivas o por el contrario de administración o gestión, y un largo etc. En las etapas de educación reglada, se presentan ante el alumno coyunturas en las que debe decidirse por un camino u otro.
Así ocurre durante el ciclo de secundaria, cuando debe elegir entre el Bachillerato o la Formación Profesional. También sucede más adelante, tras la selectividad, cuando de nuevo, debe elegir una especialización, sea continuando la Formación y eligiendo una carrera o especializándose en una profesión. O también durante los ciclos de grado superior, al determinar si su carrera debe dirigirse hacia una u otra especialización y posgrado.
A menudo, el alumno se encuentra confuso; no acaba de saber qué opción elegir y acaba decidiéndose por una u otra sin tener claro que esa sea la decisión más acertada. Sin embargo, se podría anticipar incluso en las primeras etapas educativas, qué camino es aquel en el que el alumno se sentirá más cómodo, conseguirá un mayor nivel de excelencia en su actividad y en definitiva, la conjunción de adecuación a las habilidades y pasión pueden llevarle a una mayor felicidad en su futuro trabajo.
Pero para todo ello, quienes dirigen la Educación, los profesionales, profesores, educadores, pedagogos, tutores y padres, deben poner también de su parte. Observar al alumno desde su más tierna infancia y detectar aquellas áreas de conocimiento en las que se encuentra más cómodo, sea porque sus habilidades innatas le facilitan su compresión, o porque ha desarrollado un placer natural en su desarrollo, puede ayudar a visualizar su futuro profesional más adecuado.
Aunque pueda parecerlo, no es un tema baladí. Son muchas las personas que han visto frustrada su vocación tempranamente y después de muchos años realizando actividades para las que, literalmente, no han nacido, acaban encaminándose hacia otras áreas en las que se sienten más realizados. Y también son muchos los que jamás pueden rectificar y se ven abocados a trabajar, de por vida, en algo por lo que no sienten ni el más mínimo interés. De todo ello derivan consecuencias negativas para cada individuo, pero también para la sociedad, que ve cómo se desperdician pasión y talento en trabajos inadecuados.
Es responsabilidad de todos estar atentos y reconocer cuanto antes el talento, la vocación y la pasión. Estas son las claves para que una persona sea feliz con lo que hace, sea creativa en su trabajo y aporte el mayor valor en su desempeño. Obviamente será difícil hacerlo con ratios de profesor alumno desorbitados, aulas masificadas y por lo tanto, atención reducida. Se impone la necesidad de atender a cada uno según sus necesidades, de un modo u otro, reconocer así mejor el potencial que encierra y darle todos los recursos necesarios para desarrollarlo. ¿Podremos hacerlo?