La eclosión y expansión de las tecnologías de la información han abierto una era apasionante para la difusión del conocimiento, sin embargo, al mismo tiempo pueden ser un impedimento para el mismo. Los buscadores como google o bing, las redes sociales como facebook o twitter, el correo electrónico, las webs y blogs, permiten hoy en día encontrar o recibir cantidades ingentes de información.
Pero ¿aportan siempre conocimiento? ¿cómo discernir la información veraz y útil para el aprendizaje de la superflua e inexacta? Al mismo tiempo, y como ya dijera Marshall McLuhan, el medio, más que nunca, es el mensaje y condiciona su forma de elaborarlo, encontrarlo e interpretarlo ¿permiten las tecnologías seguir aprendiendo como hasta ahora? y sobre todo ¿qué papel debe jugar la educación en este nuevo escenario?
Por una parte, nos encontramos con infinidad de medios para acceder al conocimiento. Sin embargo, saber utilizarlos con un propósito como el de la ampliación de conocimiento, el aprendizaje y la educación no es siempre tan evidente. Por lo tanto, educadores, formadores y profesionales de la Educación tienen ahora el reto de enseñar a buscar correctamente la información, a discernir la que es válida y a aprovecharla para aprender. Además, por su importancia y su utilidad para cualquier tipo de aprendizaje ya no puede considerarse como una tarea aparte sino como una «asignatura» transversal. Por lo tanto, debe ser una enseñanza continuada y adaptada a cualquier materia o área de conocimiento.
Por otra parte, el medio, como decíamos, condiciona la transmisión de la información y su recepción. No son pocos los estudios que demuestran que el exceso de información y la rapidez con la que fluye está provocando serias dificultades para su asimilación y efectos secundarios como la falta de interés por la lectura o la profundización en el conocimiento. En general, y sobre todo entre los niños y adolescentes, cada vez es más difícil mantener la atención y la concentración, actitudes imprescindibles para que se asimile la información y se produzca el proceso de aprendizaje.
Finalmente, el exceso de estímulos hace difícil provocar y encauzar el interés con fines educativos. Por lo tanto, se impone entre los profesionales de la Educación la necesidad de encontrar fórmulas para llamar la atención primero y que esta no se disperse, después. No cabe otra opción que enseñar de nuevo a observar, estudiar y aprender con objetivos claros y concretos y al mismo tiempo insuflar la pasión por el conocimiento y por aprender.
Es una tarea difícil, por supuesto, pero no imposible. Lo más importante es, sin duda, ser conscientes de que nos encontramos en un escenario nuevo y cambiante. El reto de la Educación es saber adaptarse a él y explotar todas las posibilidades que le ofrece para sus fines ¿seremos capaces?