Como ya sabrán muchos, estos días ha aterrizado en el Museo del Prado de Madrid una muestra de la colección del Hermitage, el símbolo por excelencia de los museos rusos, que permanecerá en Madrid hasta el 25 de marzo. Esta exposición responde al intercambio iniciado con la muestra de «El Prado en el Hermitage», realizada en abril y que permitió a 630.000 rusos conocer de cerca las principales obras del Museo del Prado sin salir de San Petersburgo. Ambas exposiciones, aquella y la actual, «El Hermitage en El Prado» son la demostración de que la Cultura no tiene fronteras y puede realizar aportaciones impagables, no sólo en términos educativos, sino también de convivencia y entendimiento entre culturas.
Es en ese marco en el que se encuadra el que, sin duda, es uno de los acontecimientos culturales del año en España, y que ya lo fue en San Petersburgo, donde la citada muestra de obras del Prado batió todos los records de visitas a exposiciones temporales en el Hermitage. No en vano, ambos son dos de los museos de arte más importantes del mundo. Por ese motivo, quien pueda pasarse por Madrid o viva en esta ciudad no debería desaprovechar la oportunidad de contemplar en el Museo del Prado, obras que abarcan desde el Egipto de los faraones, las culturas siberianas o el mundo grecorromano hasta el arte renacentista, la escultura neoclásica, y la pintura de Matisse y Picasso; un conjunto excepcional que permite recorrer de obra en obra gran parte de la Historia de Rusia pero también de Europa.
Y es que el Arte, más allá de la expresión estética, es también una gran lección de Historia, y aunque esa no fuera su intención, ha ayudado y sigue ayudando a miles de estudiantes a entender el sentir de cada época y recordar, gráficamente, los acontecimientos que la marcaron.
¿Son necesarias más motivos?