Con frecuencia, lo más importante pasa desapercibido. Es el caso del talento, la capacidad de una persona para desarrollar una actividad física o mental de forma brillante, destacando incluso por encima de los demás en esa faceta. Es fácil encontrarse con niños y jóvenes, o no tan jóvenes, que se encuentran perdidos al pensar en su futuro profesional, indecisos a la hora de elegir un tipo de estudios, sea en el Instituto o más tarde en la Universidad. Si nadie les orienta en ese momento, o les ayuda con pistas a encontrar el camino que mejor se adapta a sus facultades, tienen grandes probabilidades de frustrarse en el futuro y no pasar del  “5 raspado” en el desempeño de sus labores profesionales.
Y sin embargo, con seguridad encerrarán una capacidad, a veces oculta, a veces desconocida por los demás aunque no por ellos, que bien podría ser un indicio clave para acertar en la decisión de qué estudiar o a qué dedicar su vida profesional… un oído fantástico o una innata facilidad para los números, una memoria prodigiosa o una elocuencia encantadora, una especial sensibilidad con los olores o los colores, un potencial físico portentoso o una habilidad manual; son millones las variaciones que rodean al talento, y todas son puertas abiertas a la autorrealización, personal y/o profesional.
Por ese motivo, se aventura fundamental la observación diaria y continua por parte de padres, tutores y docentes. Sólo de ese modo será posible sacar a la luz los talentos ocultos y que siempre residen, de alguna forma, en cada persona desde su más tierna infancia. También es crucial el acompañamiento y el diálogo, de modo que se potencie sin presionar, sin ser dirigistas, sin obligar, simplemente ayudando a que el río siga su curso sin obstáculos, en eso y no en otra cosa reside la orientación.
No es tarea fácil, desde luego, incluso para nuestras propias conciencias, que a menudo sueñan en un futuro ya predeterminado para nuestros hijos, o se empeñan en fabricar espejos que sólo reflejan nuestras propias frustraciones … Por eso, la orientación profesional es un ejercicio duro, de autoconocimiento y de liberación, que aunque corresponde a la propia persona, necesita siempre de la ayuda de educadores y familias para llegar a buen puerto. El objetivo no es baladí, la felicidad, ese preciado fin que tantas veces se nos escapa entre los dedos sin ni siquiera percibir que un día lo tuvimos esperándonos en la palma de la mano…