Cuando empieza el día en un hogar con niños, todo son prisas: hay que despertar a los niños, asearlos, vestirlos, darles el desayuno, hacer la mochila, llevarles al cole y después ¡irse a trabajar! … todo este ajetreo causa a menudo que los padres y los niños descuiden una tarea fundamental para ambos pero sobre todo para los más pequeños: desayunar bien.
Según datos del Ministerio de Sanidad y Consumo un 8% de los niños españoles van al colegio sin desayunar, el 19,3% de la población infantil y juvenil (1-24 años) reduce su desayuno a un vaso de leche y tan sólo un 7,5% de toma un desayuno realmente equilibrado a diario. Todo ello repercute en una menor resistencia al esfuerzo físico e intelectual que exigen el colegio, el instituo o la Universidad, reduciendo de forma alarmante el rendimiento escolar de niños y adolescentes.
Por esto, y por otras consecuencias negativas de estos malos hábitos, como la obesidad, es crucial tomarse en serio el momento del desayuno: darle el tiempo necesario y nutrirlo, nunca mejor dicho, de los alimentos básicos que serán necesarios para afrontar la jornada escolar con entereza. El desayuno debería cubrir, al menos, el 25% de las necesidades nutritivas del escolar; sólo así permitirá lograr un adecuado rendimiento tanto físico como intelectual, en las tareas escolares.
Por lo tanto el primer consejo, se refiere a organizar y programar adecuadamente la hora del desayuno y su duración, de modo que ni se haga de forma atropellada, ni se convierta en una eterna letanía… no es fácil, pero el esfuerzo merece la pena.
El segundo consejo se refiere a la composición del desayuno. Así, según el Ministerio de Sanidad, para que el desayuno tenga las mejores cualidades nutricionales debe incluir:

  • un lácteo (un vaso de leche, un yogur, queso de cualquier modalidad);
  • un cereal (preferiblemente pan, pero también copos de cereales, galletas, magdalenas, bizcochos,…);
  • una grasa de complemento (preferentemente aceite de oliva, pero sin denostar la mantequilla, margarina…);
  • una fruta o su zumo (cualquier variedad en estación y zumos naturales diversos);
  • mermeladas, miel;
  • en ocasiones: jamón u otro tipo de fiambre;

Es decir, por ejemplo bastarían: un vaso de zumo de naranja, un vaso de leche con cacao y unas galletas huntadas de mantequilla y miel. Para hacerlo más variado puede sustituirse cada día la galleta por magadalenas o tostadas, la mantequilla por aceite de oliva y la miel por mermeladas y un día a la semana sustituirlo por cereales o jamón york.
¿Verdad que no era para tanto? ¡Y sus notas lo agradecerán!
¡Despierta, desayuna!