El juego siempre ha sido un recurso de primera magnitud para la Educación. Desde edades tempranas se transmite a los niños conceptos y habilidades psicológicas y sociales a través del juego, ya que este facilita su asimilación. Y sin embargo, en los hogares se sigue dedicando poco tiempo al juego. Así lo reflejan encuestas como la realizada por Oreo en todo el mundo y según la cual en España la mitad de los padres cree que no juega lo suficiente con sus hijos.
La principal causa de esta sensación de déficit en el tiempo de dedicación a los hijos es la dificultad de conciliar familia y trabajo, según este mismo estudio. De hecho, un 52% de los padres encuestados reconoce que pasa demasiado tiempo en el trabajo. A su vez, este hecho está relacionado con la preocupación de los progenitores por dar todo lo necesario a sus hijos, algo que expresan así un 78% de los encuestados.
De todo ello se deduce que los padres viven a menudo en la dicotomía o contradicción de percibir que no dedican suficiente tiempo a jugar, educar e interactuar con sus hijos y a la par aducir que lo hacen por su bien. Esta contradicción es natural pero permite llevar a la reflexión sobre posibles vías de solución.
Esta se encuentra, por una parte, en actuar sobre el tiempo que se dedica al trabajo, algo que no depende sólo de las personas, sino también de las organizaciones e incluso de la cultura de trabajo en España. Por otra parte, se puede incidir, y aquí sí tienen más poder las personas, en la calidad del tiempo que se dedica a la familia. En realidad, no se trata tanto de tener tiempo, como de aprovecharlo.
En ese sentido, este tipo de estudios pueden ayudarnos a concienciarnos sobre la importancia del tiempo que dedicamos a nuestros hijos, la calidad del mismo y cómo lo rentabilizamos en términos educativos y emocionales. Cuando llega el fin de semana, toca hacerse la pregunta ¿jugaré ahora con mis hijos? ¿cómo lo haré?
No se torture, intentarlo es el primer paso. Así empieza también la educación