Muchos de los relatos infantiles son fábulas. Muestran un mundo todavía incipiente, donde sus protagonistas deben aprender las reglas que rigen un mundo extraño para ellos. Será a una más avanzada edad cuando esos niños, ya jóvenes, se introduzcan en mundos de aventuras, con más matices y riesgos, donde no siempre el pirata barbudo es tan malo, y donde el protagonista muchas veces no sabe muy bien qué hacer.

Los Grimm y compañía
Hablando de las fábulas y los cuentos, podemos empezar hablando de los Hermanos Grimm, un caso peculiar en la tradición de la literatura infantil.
“Muestran un mundo todavía incipiente, donde sus protagonistas deben aprender las reglas que rigen un mundo extraño para ellos”

Algunos sectores de mediados del siglo XIX les criticaban por la extrema dureza de sus cuentos, a lo que los dos prolíficos escritores argumentaban que sus obras no estaban dirigidas a los niños. No obstante, fueron suavizando sus textos hasta hacerlos más adecuados a la sensibilidad infantil. En sus libros podemos encontrar grandes clásicos como Blancanieves, La Cenicienta, Hansel y Gretel o Juan Sin Miedo.
Otro gran clásico es Hans Christian Andersen, de cuya pluma nacieron cuentos infantiles como El patito feo, El traje nuevo del emperador, El soldadito de plomo, El sastrecillo valiente y La Sirenita.
Existen diversos autores similares, y que durante generaciones han constituido un elemento común entre padres e hijos: Perrault, La Fontaine, Esopo, Samaniego, o el más moderno Roal Dahl.

Para jóvenes
En cuanto a literatura juvenil, hablaremos ya de novela, sobre todo de aventuras. Muchas de estas obras constituyen un descubrimiento de nuevos mundos, como en Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, o en Los Viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Las aventuras de Tom Sawyer es también otro clásico donde el lector encuentra en los personajes amigos con los que compartir desventuras y tardes al sol.
Sin duda, al hablar de literatura clásica juvenil hay que nombrar a Julio Verne, que inauguró la novela moderna de ciencia ficción gracias a sus estudios en distintos campos de la ciencia y la tecnología. Muchas de sus obras son ya clásicos: Viaje al centro de la tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino, Alrededor de la Luna y La vuelta al mundo en 80 días, entre otras.
Para acabar nuestra breve recomendación de clásicos, debemos nombrar a Robert Luis Stevenson, con su historia de piratas La isla del tesoro, o a Jack London, con su retrato de la naturaleza animal en Colmillo Blanco. Y al más transgresivo J.D. Salinger, que con El guardián entre el centeno narra la aventura de un adolescente que se fuga de casa.
Todos tratan acerca de viajes. Viajes físicos o mentales, pero todos iniciáticos. La exploración de un mundo diferente e imaginativo, de historias que perdurarán y harán las delicias de los más pequeños durante mucho tiempo.
Carles Chacón