El principal motivo por el que una familia recurre a las clases particulares para mejorar el rendimiento escolar de sus hijos suelen ser los suspensos. Se ha demostrado en repetidas ocasiones que la dificultad de los alumnos para aprobar se solventa con una atención más personalizada, como la de un profesor particular, pero ¿sabemos porqué?
Contrariamente a lo que se suele pensar la labor de un profesor particular no consiste sólo en presionar al alumno para que estudie más o ayudarle a realizar sus ejercicios. La primera función de un profesor particular es detectar cuál es el motivo por el que el alumno tiene dificultades para aprobar. ¿No entiende lo que le piden sus profesores? ¿o no entiende el contenido de las materias? O quizás, algo que ocurre a menudo, sus profesores dan por hechos conocimientos que por un motivo u otro no ha adquirido. También puede ser que el alumno tenga un carácter distraído y pase por alto conceptos o temas que son importantes prestando más atención a los que en realidad son secundarios. O incluso puede ocurrir que sea desordenado y le cueste más seguir un procedimiento, por ejemplo en la resolución de problemas matemáticos o de Física.
Todo este tipo de cuestiones son las que deben analizarse para realizar un diagnóstico acertado del problema de un alumno en cada caso y abordarlos con éxito para que pueda aprobar por sí mismo sus asignaturas o para sacar mejores notas.  Obviamente, esta es una tarea mucho más complicada cuando un solo profesor debe enfrentarse a un grupo de alumnos. Sin embargo un profesor que sólo debe prestar atención a un alumno puede dedicar más tiempo a analizar sus dificultades, saber si es una cuestión de comprensión, conocimientos o actitud, entender las dificultades que cada carácter o psicología encuentra con determinadas metodologías y darle a cada casuística su adecuada solución. Se trata en definitiva de que el profesor particular puede estar más cerca del alumno y de este modo, hacerle llegar más lejos.