Cuando me encuentro por primera vez con los padres de un alumno, suelo hablar con ellos unos minutos y dedico los primeros minutos de la primera clase a conversar con la persona a la que vengo a ayudar. Hago esto no sólo porque quiero informarme sobre la situación académica o familiar, sino porque creo que a la hora de aprender se da un auténtico trabajo en equipo.

Evidentemente la labor principal la realiza el alumno, que trabaja las asignaturas para tener una buena preparación, pero todos los que tenemos alguna parte en el proceso nos alegramos cuando éste acaba germinando. Nuestra función como profesores de apoyo escolar es pequeña comparada con la de los padres, que se preocupan y ayudan a su hijo a preparar su futuro, o con los profesores que a diario transmiten sus conocimientos. Nosotros damos ese pequeño empujón, un método o forma de estructurar su tiempo, que a veces les hace falta.

Destacado: La cara del alumno cambia de una gran concentración a una súbita claridad, se le ilumina la expresión y dice en voz alta: “creo que ahora lo comprendo”

Buscar la verdad por sí mismo
En mi experiencia, el momento más importante se da cuando ves que, después de repetir mil veces un concepto, la cara del alumno cambia de una gran concentración a una súbita claridad, se le ilumina la expresión y dice en voz alta: “creo que ahora lo comprendo”. Es algo parecido a lo que Sócrates decía con su maiéutica. El profesor no da la verdad al alumno, sino que éste, en base a la información que ha recibido, busca por sí mismo esa verdad. Es en ese momento cuando se cumple el objetivo principal de la enseñanza: transmitir un conocimiento y que éste sea entendido, es decir, que sea útil. Y todo esto gracias a todos nosotros, alumnos, padres y profesores: un buen equipo.

Autor: Ángel Cebrián, profesor particular de Educa-System