A nadie se le escapa que asignaturas como las Matemáticas, la Física o la Química no son precisamente «marías», como se llama popularmente a las materias fáciles de asimilar y aprobar. Sin embargo, estas asignaturas, encuadradas dentro del área científico, tampoco tienen porqué ser insalvables y si se enseñaran de un modo diferente al que se acostumbra, podrían ser tan fácilmente entendibles como las demás. Este es, al menos, el argumento de profesores como Walter Lewin, un astrofísico holandés que defiende en sus clases el valor de una metodología atípica basada en la experimentación y el empirismo.
El objetivo de su método pedagógico es, básicamente, divertir con la enseñanza en lugar de aburrir y para ello, hace gala de imaginación y una puesta en escena viva, donde la experiencia toma su valor como grado, en el más puro sentido educativo. Para este profesor, ya retirado, la falta de interés de los alumnos y sus dificultades frente a asignaturas como la Física, no se deben a la materia en sí, sino a un método de enseñanza erróneo y a la falta de implicación de los profesores.
La Física, al igual que todas las ciencias, se manifiesta a diario en cualquiera de los entornos en los que nos movemos. Por lo tanto, no debería sorprender que usar ese mismo entorno y los objetos que lo pueblan, sea el mejor vehículo para manifestar sus leyes, desde la causa hasta el efecto. Y sin embargo, frente al método tradicional de libros, apuntes y ejercicios abstractos, la traslación al mundo real siempre provoca sorpresa y exclamaciones de júbilo, además de facilitar la comprensión y el aprendizaje. Efectivamente, es físicamente posible ¡eureka!