Es conocida la propensión que tienen los niños, en su primera infancia, cuando aún están balbuceando, a fijarse en un peluche, un pañuelo, sábana o manta, y acompañarse de ella día tras día, haciendo de ese objeto algo imprescindible para su serenidad. Este fenómeno, natural y muy habitual, es el que se alarga a veces en el tiempo en forma de amigo imaginario, y que ha dado pie a la película titulada “Animals”, en la que se muestra a un joven adolescente que sigue relacionándose con esa figura.
Además del interés en sí mismo del film, ópera prima del director novel Marçal Forés, y que toca otros muchos temas, de cara a la Educación y la Pedagogía, es especialmente llamativa esa temática del “amigo imaginario”. Las razones psicológicas que se esconden detrás de ese comportamiento, normal en la infancia más temprana, giran en torno a la búsqueda de seguridad y el vínculo con la madre, tan potente e inherente al periodo de gestación, y que se pierde, inevitablemente, tras el nacimiento.
El planteamiento inicial de la película nos lleva, por tanto, a reflexionar, de alguna forma, sobre esa constante búsqueda de seguridad, que acompaña, cual amigo imaginario, al niño, después adolescente, en su crecimiento emocional, psicológico e intelectual.  En ese camino hacia la madurez, se aventura clave el acompañamiento real, cercano, de un tutor, no forzosamente el padre o la madre, sino también el amigo, el profesor; en definitiva una figura que aúne las facultades de escuchar, dialogar y guiar. Son propiamente las que deben caracterizar también al maestro o educador, y, más adelante, al profesor, que no puede ser sólo un dispensador de conocimiento, sino también una brújula que señale el camino, aportando seguridad sin coartar el crecimiento de la personalidad propia.
El objeto de ese acompañamiento no es otro que la madurez plena, la comprensión de las claves esenciales para el desenvolvimiento personal, social y profesional. Al igual que un niño con su osito, o su manta de cuadros, si el adolescente ha recibido la formación adecuada, en todos los sentidos, saldrá, con paso firme, hacia adelante, dejando atrás, sin dependencias de ningún tipo, a quienes lo acompañaron en sus primeros pasos.