Educar en la coherencia no es fácil y en los casos de las personas afectadas por Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), supone además un reto específico añadido sin que nadie haya preparado a los padres y madres para ello.

Es importante comprender que nada de los que hagas como padre o madre va a hacer que el trastorno desaparezca. Pero lo buena noticia es que un entorno familiar adecuado y una correcta gestión del trastorno desde la escuela, desde la sanidad y, sobre todo, desde la familia, pueden minimizar los efectos negativos del mismo y remitir significativamente la sintomatología. La relación entre un afectado/a por TDAH y sus progenitores juega un papel de extrema importancia en el proceso de desarrollo de las personas que padecen de TDAH. Es fundamental que se informen y se formen, que aprendan habilidades para educar a sus hijos y cuanto antes, mejor. Las intervenciones a los siete años no son las mismas que con catorce.

A continuación os proponemos algunos breves tips para adaptar fácilmente a la convivencia diaria con tu hijo con TDAH, adecuándolos a su edad.
1. Pero… ¿se puede saber qué estás haciendo?
Sé creativo, ¡anticípate!
 

El comportamiento de un TDAH exige a menudo una considerable energía por parte de sus progenitores. Eso es porque estos niños suelen tender a la manipulación para conseguir lo que quieren y, además, de inmediato. Para ello utilizan su inteligencia, su creatividad y su rapidez mental para detectar las debilidades de los padres, con los que pueden llegar a ser insistentes y recalcitrantes hasta el agotamiento. Disciplinar a un TDAH supone un inmenso desgaste de energía. Padres y madres deben ejercitar su creatividad y agilez mental, observar su comportamiento y sus respuestas a determinados estímulos. Así, podremos prever nuestras posibles intervenciones sin que nos cojan desprevenidos, minimizando contratiempos, sorteando conflictos y evitando ‘guerras dialécticas’.

2. ¡Porque lo digo yo y se acabó!
Aprende a pactar con él

Busca un tiempo y un lugar tranquilo para comentar y pactar con tu hijo algo que debe hacer o alguna conducta que deba modificar. No negociar nunca implica rigidez e inflexibilidad. El hijo lo vivirá como un autoritarismo incuestionable y, por lo tanto, cerrará las puertas a la comunicación. Es particularmente peligroso porque, al llegar a la adolescencia, se romperá la comunicación entre padres e hijos. Negocia siempre desde una actitud positiva y, sobre todo, procura que el niño sepa con antelación qué ocurrirá y qué privilegios tendrá si cumple con lo acordado. Por el contrario, si no lo cumple, no tendrá ese privilegio y, los padres, quedarán liberados de ‘imponer’ un castigo, puesto que se autoimpone sólo por la normativa establecida de mutuo acuerdo. A fin de cuentas, ¿era lo pactado?

3. ¡Llevas una hora con la play y has hecho los deberes en cinco minutos!
La automotivación de la inmediatez

 

Cuesta entender y aceptar que nuestro hijo/a tiene un déficit de atención y, en cambio, sea capaz de pasarse una hora quieto frente al televisor o la consola. Parece un contrasentido y nos puede llevar al equívoco de pensar (también a los profesores): “Ah cuando quiere sí que se concentra”. Lo que nos mueve a todos a hacer las cosas es su valor motivacional. A los niños afectados por TDAH les cuesta mucho automotivarse, sobre todo si el beneficio de la acción a realizar es lejano. Si no hay beneficio inminente, son incapaces de automotivarse. No tienen paciencia. Si las consecuencias no son inmediatas, no pueden sostener en el tiempo un esfuerzo persistente y encaminado a un objetivo a medio o a largo plazo. Por eso, en los deberes escolares no encuentra motivación instantánea, porque la respuesta más rápida se producirá al día siguiente. Al contrario de lo que le pasa con los videojuegos, la tele o cualquier actividad que le guste mucho. Ese resultado inmediato –ese ‘ya mismo’-actúa como refuerzo motivacional externo y sostenido.
(continuará…)
Elena O’Callaghan, Pedagoga, consultora y coach familiar
info@educacioemocional.com